Stories from the Hill, a series of five paintings produced at the residency of the Skupaj na vasi (Together in The Village) residency program in Sveta Marjeta Church, Žlebe, Medvode, Slovenia, 26.7 – 3-8. 2026. To be showed at the Hiša na hribu festival 2026.
Stories from the Hill: The Untold Story of Očka (Andrej)
Stories from the Hill: In the Search of Spirits (Mira)
Stories from the Hill: Church Bats (Zvonka)
Stories from the Hill: Zelenica (Cirila)
Stories from the Hill: Sometimes I Do Not Know How I Learned What I Know (Mirko)
Coal, charcoal, pastel, fresco painting and fire on cardboard, mounted on canvas, 50×50 cm each.





HISTORIAS DESDE LA COLINA
Francisco Tomsich
Historias desde la colina es una serie de cinco pinturas (carbón, carboncillo, pastel, pintura al fresco y fuego sobre cartón montado en tela, 50 x 50 cm) realizada bajo la égida de fotografías, documentos, mapas, historias, dibujos y personas (algunas de las cuales posaron para un retrato) de, sobre y acerca la aldea de Žlebe, Eslovenia. Fue producida durante el programa de residencias artísticas del proyecto “Juntos en la aldea”, llevado a cabo en la iglesia de Sveta Marjeta, Žlebe, Medvode, Eslovenia, 26/7 – 3/8/2026 y coordinado por Editorial Malinc y Zavod CCC. Estas historias preceden a la composición de las obras, y reúnen algunas de las historias que las atraviesan.
1
Historias desde la colina: Murciélagos de templo (Zvonka)
Dice Henrike que dice Mirko que hay 200 murciélagos viviendo en el trasdós de la iglesia de Sveta Marjeta. Pero la iglesia cumplirá 500 años pronto (y por eso hay tanta bulla a su alrededor estos días), por lo que esperamos que la cantidad de murciélagos se haga eco del evento. Zvonka dijo que quería un dibujo del lugar donde viven estos curiosos seres voladores cuyos golpeteos cuando intentan meterse de nuevo en la iglesia, escucho casi todos los días al alba, ya que las campanas del templo, a unos cincuenta metros de donde pasamos las noches de esta residencia, me impiden dormir. El dibujo debería incluir la puertita minúscula en la bóveda pintada de la iglesia, la larga y frágil escalera de aluminio por la que suben Mirko (con cables en la mano) y Henrike (con una cámara) y, por supuesto, los murciélagos. Así que esa noche me senté en la mesa de la cocina y boceté algunas ilustraciones para la historia, que podría convertirse en un fragmento de la obra colectiva que están realizando Zvonka, Akiko y Mojca para la muestra del festival La casa de la colina 2026. Pero mis intentos eran espantosos. De pronto apareció Clemente, que me preguntó qué estaba haciendo. Intento dibujar la casa de los murciélagos en la iglesia, le respondí. ¡Ah, eso es muy fácil!, dijo él, arrancando una hoja del cuaderno y tomando un lápiz. En efecto, era muy fácil… para él. Al día siguiente, le regalamos el dibujo a las tejedoras de historias de Žlebe.
2
Historias desde la colina: A veces no sé cómo aprendí lo que sé (Mirko)
Vi a Mirko tres veces. Dos veces subió la colina hasta la cabaña junto a la iglesia donde vivíamos nosotros. La segunda de ellas, convocado por Zvonka, para ayudarnos a recuperar el agua corriente que una de las personas que trabajaba en la renovación de la calle que sube hasta la iglesia en la colina dejó cerrada a propósito (le pregunté si quería agua, porque hacía mucho calor, y él respondió “no hay más agua”: la observación era literal). En esa ocasión, como en la primera, Mirko traía cables y un reflector, y subió al desván de la iglesia. Henrike, que habló con él y lo entrevistó, dice que Mirko está buscando, entre los murciélagos, alguna evidencia de la edad real del templo, que algunos, como él, suponen más vieja que los 500 años que se celebran este año (y por lo cual se está arreglando la carretera que sube la colina, que por supuesto, mientras se arregla, está inutilizable). La tercera vez que vi a Mirko, desde el auto, estaba dedicado a regar un enorme macizo de flores junto al arroyo, frente a la granja de la que se hace cargo, junto a parte de su familia. Mirko aparecía en algunas de las fotos más nostálgicas del archivo de Zvonka, pero no sé si del video de la entrevista en la iglesia o de la que le hizo después Henrike en su visita a la granja extraje las imágenes que utilicé para su retrato, que también se tituló “Herencia familiar”, “Deseo y destino” y “A veces despierto en medio de la noche y oigo sonidos de tiempos antiguos”.
3
Historias desde la colina: Zelenica (Cirila)
Cirila viene a regar el césped en torno a la iglesia. Abre la pesada tapa de un caño de concreto y con un rastrillo (porque no se llega con las manos) abre una de las llaves que deja salir el agua que utilizará para ello. Una mañana muy temprano me pidió si podía hacerlo yo al día siguiente, pero también que iba a traer un aspersor oscilante para hacer la tarea más fácil y presumiblemente más divertida también. Pero el dispositivo no funcionó como ella lo deseaba, y tras varios intentos infructuosos de repararlo, decidió volver a los viejos usos. Así que me quedé sin regar el césped. No solo viene Cirila a regar el césped, sino también otros vecinos a hacer lo propio con el tilo que han plantado frente a la cabaña, mirando al oeste, en un terraplén. Junto al tilo han puesto una piedra con una inscripción que festeja los 500 años de la iglesia. A unos vecinos que han venido a regar el tilo pregunto si el mismo ha sido adquirido por la Municipalidad. No. Por la Iglesia. No. “Por los aldeanos”, dice. Me pregunto si lo mismo vale decir de todos los otros esfuerzos en torno al festejo, cuyo centro será el 30 de agosto. La iglesia no está activa, salvo en ocasiones excepcionales y exceptuando, claro está, sus hiperactivas campanas. En esloveno, la palabra “zelenica” suele utilizarse para referirse a una zona verde en un área urbana o en un jardín cuidado, pero también, en las zonas alpinas del norte de Eslovenia, a una superficie cubierta de piedra entre terrenos rocosos, pedregales o riscos. A mí me gusta pensarla también en los claros del bosque, aunque para eso se usa generalmente otro término (equivalente al español). Cirila es la hermana de Mirko.
4
Historias desde la colina: La nunca contada historia de Očka (Andrej)
Lo primero que hicimos al llegar a Žlebe fue visitar a Zvonka, en cuyo taller/espacio cultural se realizaría un taller en el marco de la residencia y del proyecto, y en donde trabajarían también esta semana, para el festival La casa de la colina de este año, Mojca y Akiko. Las tres desglosan fotografías antiguas e historias recopiladas por Zvonka en la aldea en dibujos que luego bordan en telas utilizando también materiales autóctonos. Zvonka le mostró a Barbara la foto de un hombre de larga barba blanca a quien le dicen Očka pero cuyo nombre real es Andrej. Le pido a Zvonka si puedo hacer una foto de la foto, y luego, ya instalados en la cabaña de la colina junto a la iglesia, la proyecto sobre la pared del cuarto donde dormiremos, donde justo antes descolgamos un enorme y bastante tórrido lienzo con Cristo. Quizá a modo de limpieza de la casa, comencé esa misma noche a dibujar a Andrej, y el proceso (como el de todos los otros cuadros de la serie) acompañó el estudio de mapas de la región y dibujos hechos en diversas circunstancias a lo largo de toda la residencia. Andrej vive cerca de nosotros, “ahí abajo”, y está enfermo, aunque la enfermedad que padece es nombrada de diferente manera por diversas personas. Todos dicen que su historia, o su vida, es interesante, pero la información es fragmentaria y contradictoria. Sí es seguro que fue profesor de química de uno de los muchos vecinos que ven el retrato cuando suben a la colina, el paseo obligado de adolescentes por la noche y señores de edad al alba, y reconocen a Andrej. El jueves, las campanas de la iglesia comenzaron a sonar a rebato a una hora inusual, y Henrike, que se encontraba con unos vecinos, se informó que había muerto un vecino llamado Andrej. Pero no era este Andrej, sino otro, que también estaba enfermo (aunque la enfermedad que padecía es nombrada de diferente manera por diversas personas). Aunque tuve la oportunidad de hacerlo, preferí no conocer a Andrej personalmente.
5
Historias desde la colina: A la búsqueda de espíritus (Mira)
Mira Narobe es artista, y la reconocí (la había visto ya en alguna ocasión) en el taller de ilustración que llevamos a cabo con niños y adultos locales el lunes. La invité a hacer un retrato juntos, y el sábado subió el camino a la colina para posar con el valle y las montañas alpinas de fondo. Luego, esos dibujos hechos con la persona enfrente se transformaron, como en otros casos, en un rumiar historias alrededor de una composición que ya no es propiamente un retrato, o solo lo es secundariamente. El pelo negro y largo de Mira y el pelo largo y negro de Akiko Sato, una artista que comparte con nosotros el tiempo, aunque no el espacio, de esta residencia, confluyeron con una noche de búsqueda infructuosa de fantasmas en los bosques cercanos y al amarillo de la hipocondría. En inglés, disponemos de los términos “ghost”, de raíz anglosajona, y “spirit”, de raíz latina, para nombrar entidades similares, o la misma entidad (y también “phantom”, “spectre” y “apparition”, cuyos equivalentes directos también se usan en español). En esloveno, la palabra más usada es “duh” (aunque existen “fantom” y “prikazen”, parecidas a espectro y a aparición). “Duh”, como el latín “spiritus” , proviene de una raíz indoeuropea que refiere al “respirar” o al “aliento”. En esloveno, respirar se dice “dihati”, que proviene de la misma raíz, como “duhoven”, espiritual. Y al clérigo o sacerdote o cura se le dice “duhovnik”, que significa literalmente “quien se ocupa del espíritu”. En español usaríamos en este caso la palabra alma (“duša” en esloveno, también enraizada con las otras y que, como en español, se usa también como nombre propio), como en “pastor de almas”. Aquí no hay sacerdote a la vista, pero tampoco historias de fantasmas, a pesar de las ruinas del castillo cercano. O no tuve tiempo de encontrarlas. Tal vez debo volver.